
Finalmente, un par de semanas después El Plomazo me avisó que Xilda había entrado en celo, por lo que arreglamos para que la llevara a la fábrica de soda.
Quedamos en que la llevaría a las 17.
Una hora antes yo me fui a tomar mate con Hugo y Catrasca.
El Plomazo llegó puntual. Venía en una pick-up Ford F-100 que se caía a pedazos. En la cabina venían también su mujer y la perra.
Apenas los vi llegar me dije que ese tipo era un dominado.
PLOMAZO
Buenas tardes. Vine con mi señora porque quiere ver en donde van a tener estos días a Xilda.
MARISCAL
No hay problema.
Los perros van a estar en un patio posterior que tiene una galería techada.
Dígale a su esposa que si quiere, puede pasar a mirar.
PLOMAZO
Creo que va a ser lo mejor…
El pobre hombre se fue hacia la camioneta para informarle a la bruja.
Cuando la mujer abrió la puerta para bajar, Xilda se tiró de la camioneta. La señora y el Plomazo empezaron a los gritos a llamar a la perra. El animal ante tanto griterío, se asustó y se fue corriendo hacia la esquina.
Por esa calle pasa una línea de colectivos y en ese momento venía uno que cuando vio a la perra en el medio de la calzada tocó un bocinazo y el pobre animalito, salió corriendo a toda velocidad.
En la vereda, el Plomazo y su mujer miraban con cara de pánico.
MUJER
¡Pelotudo, rápido subite a la camioneta!!! ¡Vamos a alcanzar a Xilda!
EL Plomazo obedeció de inmediato.
Hugo, Catrasca y yo nos moríamos de la risa.
Con Catrasca subimos a mi camioneta y salimos a ver si encontrábamos a la perra.
Estuvimos como quince minutos tratando de encontrarla. En una de las innumerables vueltas, lo cruzamos al plomazo que estaba desencajado. Conversamos de una camioneta a la otra.
PLOMAZO
Ya dimos como veinte vueltas. ¿A dónde habrá ido mi perrita?
MARISCAL
¿Pasaron por la fábrica abandonada?
PLOMAZO
No. No conozco mucho por acá…
MARISCAL
No es lejos. Son unas cinco cuadras. Sígame.
Llegamos en dos minutos y fuimos a hacia la entrada de lo que había sido una playa de descarga de camiones.
Cuando estacionamos escuchamos los gritos de algunos chicos. Me imaginé que estaban jugando a la pelota en un sector que había sido el parque de la fábrica durante su apogeo.
Los cuatro. El Plomazo, su mujer, Catrasca y yo fuimos hacia ese sector.
Al llegar, la imagen que vimos provoco en nosotros sensaciones disímiles.
Un grupo de perros de la calle rodeaban a Xilda, que estaba abotonada a un perro grandote de pura raza perro.
El plomazo se agarraba la cabeza.
Su mujer gritaba como loca.
Catrasca no sabía que decir.
Y yo hacía lo posible para no morirme de risa.
MUJER
¡Tarado hacé algo urgente, Xilda está sufriendo!
¡Tirales agua! ¡Prendé fuego! ¡Apurate!
¡Lo único que falta es que ese perro roñoso la haya preñado!
El plomazo corrió hacia su camioneta y trajo unos cartones y les prendió fuego.
Pero todo era inútil. Los perros no se separaban, y la jauría aullaba y festejaba.
Después de varios minutos la perra quedó libre.
La bruja llorando agarró a su perra y la subió a la camioneta.
El plomazo parecía vuelto de la guerra. Posiblemente estaría pensando en lo que sucedería cuando llegara a su casa.
MARISCAL
Nosotros nos vamos a la fábrica de soda.
Si quieren ir, los esperamos.
Con Catrasca subimos a la camioneta y nos fuimos. Las siete cuadras hasta la fábrica no pude parar de reírme.
MARISCAL
¡Esto qué pasó hoy no tiene precio! ¡Lo de hoy fue genial!
Pensar que vos te preocupabas por los papeles truchos de Galo.
CATRASCA
¡Pobre tipo! Cuando llegue a la casa esa mujer lo va a matar…
MARISCAL
¡Se lo merece por boludo!
Cuando llegamos a la sodería, casualmente estaba Yeye, el veterinario, tomando mate con Hugo.
Le contamos lo sucedido. Los dos casi se mueren de risa.
Yeye fue tajante.
YEYE
Por lo que me comentaron, no tengo dudas que la perra ya está preñada. Pero por las dudas, que se la traigan a Galo. No se pierde nada y los perros la van a pasar bomba!!!
Como a los diez minutos llegó el Plomazo. Estaba colorado como un tomate.
Yeye hizo su parte y casi lo convenció. La bruja, no estaba segura. Pero finalmente accedió a dejar a Xilda, que ya no era virgen.
Bajaron a la perra, que ahora tenía un collar de ahorque y una correa.
Cuando la hicieron entrar a la fábrica, que ya tenía los portones cerrados, la soltaron y anduvo husmeando hasta que Catrasca dejó salir a Galo, que estaba en la oficina.
Los perros se olfatearon, y los llevamos al patio posterior.
Cada uno se fue a su casa, salvo Catrasca que se fue a su pieza, que está contigua a la oficina de Hugo.
Después de cenar lo llamé a Catrasca.
MARISCAL
Contame… ¿Pasó algo?
CATRASCA
¿Que si pasó algo?
¡Galo ya se la monto dos veces! ¡Es un guachito!
MARISCAL
Bueno, por lo menos Galo hizo su parte, habrá que esperar a ver como salen los cachorros.
Hasta mañana. ¡Cuidá los perros!
Pese a que eran casi las 23 decidí llamar al Plomazo.
MARISCAL
¡Buenas noches Jefe! ¿Cómo anda?
PLOMAZO
Muy complicado.
¿No se enoja si le pido que hablemos mañana?
Mi mujer está con una jaqueca terrible.
MARISCAL
Si. Mañana lo llamo.
Hubiera pagado para ver las escenas que la bruja había hecho al Plomazo.